Mortensen aprendió en un garito

Me acabo de encontrar con este artículo de El Mundo que mi buen amigo Luis Mazarrasa escribió cuando Juan Carlos Mortensen ganó el campeonato de póquer del mundo, Word Series of Poker, en 2001. En él cuenta dónde aprendió Juan Carlos, pero eso ya lo sabemos todos, lo que me gusta del artículo es que nos cuenta cómo era el Club Montera, los personajes que lo frecuentaban y cuando vino la policía a visitarnos. Luis lo vivió ya que se inició en el póquer conmigo y venía sobre todo a empaparse del ambiente.

http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR293/CR293-04.html

Resalto algunas, pero el artículo entero está lleno, merece la pena leerlo:

“En la mesa a la que se sumó Mortensen también jugaban el Rafa y otro colega, dos tipos que a veces se levantaban en plena partida porque calculaban que una determinada máquina tragaperras, en un bar de un barrio lejano, ya estaba caliente, es decir, a punto de dar el premio. A las pocas horas volvían, y si lo traían se lo jugaban al Texas.”

“Alguna vez la partida se vio abruptamente interrumpida por la llegada de la Brigada del Juego. Como aquella noche que todos recuerdan y en que se jugaban cantidades irrisorias (había 10 contendientes y cada uno había cambiado 8.000 pesetas en fichas).Se trataba de pasar un buen rato sin correr riesgos. La policía, aprovechando la llegada de un cliente pues no se abría la puerta sin mirar la cámara del telefonillo, irrumpió de golpe, puso una denuncia a los organizadores de la partida por infracción fiscal y se llevó la mesa, el fichero y las 80.000 pesetas.

Mientras se procedía a los trámites de identificación de los jugadores, uno de ellos, Carlos el sordo, se despojó de sus zapatos y el potente sonotone y echó una cabezada en un sofá cercano: casi todos los jugadores de la mesa eran veteranos en los tratos con la Brigada del Juego o con otros polis (Paco, el Reventa, faltaba algunas noches a la partida porque lo habían pillado con las entradas a la puerta de Las Ventas).”

“En casas como ésas también ha entrado la policía en repetidas ocasiones. Mientras requisan mesas, ficheros, pero rara vez el dinero, puesto que por experiencia se sabe que no hay que dejarlo a la vista, identifican a los jugadores. Las anécdotas son interminables.«Espere un poco que me termine el solomillo, no se me vaya a cortar la digestión», respondía uno de los tahúres habituales al agente que le pedía el DNI en plena cena, durante una de las batidas. Nadie perdió la sangre fría ni el sentido del humor, es claro.”

Foto con Luis Mazarrasa unos años después en la presentación del libro “Aprende a jugar al póquer con Los Pelayos”

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