Los Pelayos traen el Holdem´a España

“…Total, que cometimos el acierto de montar una casa de póquer Texas en la calle Montera de Madrid…”

“…Ser básicamente alegal todavía me entusiasma. Se trata de habitar en una zona que se sitúa en el limbo, que la razón humana no ha previsto y donde  no llega la ley ni la prohibición. Morando en ella se consigue, en las sociedades democráticas, que poco a poco el manto del derecho se alargue con necesarios retales que cubran la despoblada región…”

Con estos párrafos de “La fabulosa historia de Los Pelayos”, Gonzalo nos cuenta el ambiente de aquel club:

“…Por allí venía algún tenor, un pintor, presentadoras  de televisión y periodistas de suplementos dominicales que, junto con un literato como Enrique, formaban un colectivo de sistemáticos perdedores ante otro grupo integrado por antiguos crupieres, jugadores de ajedrez y revendedores  de entradas de espectáculos taurinos, que eran habituales ganadores. Yo era amigo de todos y apreciaba sus trayectorias, pero decantaba siempre mi admiración  hacia la función social insustituible  de la reventa…”

“…Los que gustan de cambiar las ces por las kas carecen de estas cualidades al ser personas más dubitativas, egocéntricas y maníacas. La mezcla de racionalidad e imaginación, y una continua atención a las acciones del otro —olvidándose casi de uno mismo—, hace que el perfil más adecuado de un jugador sea el torero, el boxeador, el que lleva un tipo de vida surfista y el ya mencionado profesional de la reventa…”

“… En todos los círculos especializados suele crearse un lenguaje propio que, por supuesto, era inevitable en el mundo del póquer. A los jugadores habituales se les llamaba «jugativos». Cuando Mariela metía y todo el mundo le iba (sabían que Mariela atacaba con cualquier cosa), ella exclamaba castizamente: « ¡Me bajan de los pueblos!» observando cómo todos venían a su encuentro. Por el contrario, cuando era ella la que salía al paso del reto de cualquier jugador solía hacerlo al grito taurino de: « ¡Acudo al engaño!»…”

“…Esta fase ya no pudo ser compartida con la flotilla, pero mis hijos me ayudaron en ella de manera considerable porque aunque no jugaran, estuvieron organizando todo el asunto y convirtiéndose ellos mismos en crupieres de póquer, profesión donde Vanessa destacó sobremanera, siendo muy querida por los jugadores madrileños que lamentaron su marcha al mundo del flamenco (que le gustaba mucho más), donde lleva bailando hace más de nueve años. Iván también estuvo de crupier durante un tiempo. No atendía mucho al juego y se notaba su falta de aprecio por la mayoría de los jugadores, que no se sentían cómodos con él, sobre todo si lo comparaban con su hermana. Además, no comprendían cómo se pasaba los ratos entre partida y partida estudiando historia, que era la segunda carrera que se propuso hacer después de terminar filosofía. Mientras él se preocupaba por la causa y el efecto, su hermana lo hacía por la causa y el afecto…”

Por cierto, Gonzalo registró bajo su nombre El Póquer Holdem Texas Limit en España.

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