¡En busca de póquer!

¡En busca de póquer!

Decidieron pues, que la vuelta a Madrid desde Las Vegas, sería en coche hasta Filadelfia donde cogerían el avión para Madrid.

Todos, pero sobre todo Pablo, que tenía tres años, pasaron muchas horas en el coche, Gonzalo para calmar a Pablo le comentaba que cruzarían el río Mississippi, que era un río muy grande y que le gustaría mucho…al cabo de tres días de coche Pablo comentó “¡Ofú que lejos está el Mizizipi este!”.

Efectivamente después de pasar por Albuquerque, Santa Fe, Amarillo, Texas, hay un jugador, leyenda del póquer, que se llama “Amarillo Slim”. Entraron en Oklahoma City, Arkansas y por fin el estado de Mississipi donde pasarían un par de días en Túnica, pequeño pueblo al lado del río, enclave de unos 5 ó 6 casinos.

Allí Gonzalo se dio cuenta de que era El Mardi Grass en Nueva Orleans y decidieron desviarse al sur y no perderse la oportunidad de disfrutar de tan maravilloso carnaval donde, por cierto, también hay casinos y donde no perdió la oportunidad de jugar al póquer.

Después de disfrutar de otro par de días de carnaval siguieron camino a Biloxi, Mississippi ciudad con grandes playas y grandes casinos. Se vieron cerca de Atlanta, Georgia  y dejaron que la música los llevase a ver Graceland en Menphis y Nashville en el estado de Tennesse, donde entregaron el disco de Iván García-Pelayo. Siguieron al norte por Saint Louis, Missouri, Cleveland, Ohio, Virginia, Maryland y finalmente Filadelfia donde embarcaron hacia Madrid.

Las ganancias en el póquer no fueron grandes, incluso hubo días de grandes pérdidas y muchas horas de juego, pero el estudio y la experiencia desembocaron en el inicio de una nueva etapa de Los Pelayos, en palabras de Gonzalo: “…El caso fue que, a la vuelta de América, ya en Madrid me asocié con aquel escritor y gran amigo llamado Enrique Portal. Ambos jugábamos al ajedrez con Juan, joven abogado que nos asesoró en el sentido de que, teniendo los casinos vedado este juego, montar  un garito privado de póquer  no era legal pero tampoco contrario a ninguna ley. Me encontré así delante de una de las palabras que más han sintonizado con mi carácter desde que llegué a la edad adulta: alegal…”

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