El póquer en el cine 2ª parte

El póquer en el cine 2º parte

Artículo que escribí para la revista Kane 3, Enero de 2006

… Muchísimo menos se jugaba hace cuarenta años y por eso los guionistas no tenían reparos en mostrar una tópica e improbable mano de póquer (cuatro cartas iguales) contra escalera de color (a mí sólo me ha ocurrido una vez en los dos millones de manos que  llevo jugadas).

Si en cuanto al tratamiento del juego en Cincinatti es muy inferior, no lo es en cuanto al diseño de los personajes, atmósfera, localizaciones (Nueva Orleáns) etc, que son, todos, elementos más importantes a tener en cuenta en una buena película que el propio juego de la que ésta trata. “Rounders” tiene una buena caracterización sobre todo en el personaje que interpreta John Malkovich pero es más rutinaria en el resto de los elementos fílmicos centrándose preferentemente en las cuestiones del propio póquer que la hace ser favorita de los jugadores pero quizás no del gran público al que le llegó mucho más “El rey del juego”.

En ambas está el vértigo que producen los personajes enfrentados a situaciones tan abstractas como las que se derivan del juego. En ambas vemos a éste como metáfora de la misma vida: todo lo que ocurre en el póquer es una transposición casi literal de los argumentos que se desarrollan en la vida. “En el juego de la vida hay que jugar las cartas que te llegan” dicen en “Rounders”. Supongo que se refiere a que muchísimas veces hay que jugar sin ninguna esperanza de tener escalera de color.

Siempre que  estudio las manos de mi hijo Oscar  hago ver a los amigos, a los que se las mando por email, que las enseñanzas que de ellas se sacan no es a ganar con full (eso lo hacen todos) sino a saber tirar una mano que parece muy buena (pareja de ases con un rey de acompañante) porque Oscar está seguro de que ahora está perdido contra una escalera y que jugar bien al póquer es sobre todo saber cuándo hay que tirar estas cartas, cosa que nadie de nuestros rivales hace. Entonces estoy más cerca de “Rounders”, con la realidad sorda, subterránea de jugar lo mejor posible las cartas que te dan. Entender esa jugada es entender el póquer y quizás entender la vida que normalmente no se explica con carteles luminosos llenos de escaleras de colores, que es el defecto del “Rey del juego”.

Pero cuando veo el aplomo que el dominio de este juego está produciendo en la personalidad de Oscar, entonces pienso en el Steve Mcqueen o incluso en el Edward G. Robinson  del film de Cincinatti y Nueva Orleáns: de cada película, sus mejores cosas.

Cuando vi “Rounders” por primera vez tuve la extraña sensación de sentir la historia como algo conocido.

El personaje de Matt Damon me recordaba a Juan Carlos Mortensen a quien yo enseñé a jugar al póquer y que estuvo buscando por Madrid la manera de encontrar el dinero que le permitiera jugar su primer mundial en Las Vegas. Esa intriga, que es la base de la película, se desarrolló de una manera más plácida en el caso de Juan Carlos ya que conseguí concertar con un grupo de amigos una banca suficiente para que “el niño” (así lo llamaban entonces) pudiera representarnos a todos en el torneo. En la película, a Damon le cuesta bastante más hacerse con esa banca y todo parecía como el mundo al revés: más difícil en Nueva York que en Madrid. Cuando al final de la película la cumbre dramática se cierra con su salida para Las Vegas a donde va como uno de los seiscientos más de aquellos años (seis mil participantes fueron el año pasado), también tuve la sensación de superar con nuestra historia el ambiente siempre irreal de una ficción cinematográfica: Damon triunfa simplemente porque consigue ir a jugar el Mundial, Juan Carlos también consigue ir a Las Vegas…y lo gana. Por una vez sentí que todavía el cine podía exagerar la ficción para parecerse a la vida, a nuestra vida.

04_21_2016-imagen-gonzalo