Comienza la aventura de Los Pelayos en el Póquer.

Comienza la aventura de Los Pelayos en el Póquer.

“…Después de la desilusión que nos produjo el black jack en nuestra primera incursión  en el mítico mundo  del naipe, la flotilla miraba con desconfianza hasta la Carta Magna.

Aun así, unos años más tarde, cuando nuestra actividad en la ruleta se vio obligada a reducirse dada la presión de los casinos, no faltaron fuerzas para adentrarnos en nuevos negocios en torno al mundo  de las cartas…”

Mientras que en el último intento ruletero en Las Vegas, algunos miembros de la flotilla luchaban contra el doble cero y se disfrazaban para pasar inadvertidos, Gonzalo se dedicó exclusivamente a conocer el póquer que allí se jugaba.

“…Póquer se había jugado siempre en nuestro país, pero en su versión «descubierta»,  que es la única que permite practicarlo como juego social donde pueden apostar hasta diez jugadores. Nuestro póquer, conocido con el nombre de chiribito, era una versión siniestra del original americano, y parece que fue introducido desde círculos recreativos militares en la época de la dictadura. No se permitía pensar y había que decidir las apuestas de inmediato, con el fin de convertirlo en una lotería. Creyendo yo que el póquer  es el juego de mayor calado intelectual después del ajedrez, me parecía que nuestra versión castellanomanchega reflejaba claramente nuestra rancia idiosincrasia…”

“… La modalidad de póquer que más se juega en América, con la que se disputa su mítico campeonato mundial, es la conocida como «Texas». Éste es un póquer abierto, con una amplia base combinativa en que el jugador entra o sale cuando le parece, por supuesto piensa lo que le apetece y además, en su versión de diario en los casinos, está reglamentado  con apuestas limitadas, es decir, uno sabe siempre lo máximo que puede perder en cada jugada y por tanto es imposible apostar la casa o la mujer, como es fama que ocurría en tradicionales partidas españolas de tierra adentro…”

Una vez que los miembros de la flotilla terminan y vuelven para Madrid, Gonzalo junto a su mujer, su hija Vanessa y su hijo pequeño Pablo deciden cruzarse Estados Unidos desde Las Vegas a Filadelfía parando en todos los estados donde el juego estuviera permitido para seguir probando y aprendiendo.

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